La importancia que estos tienen en la conformación del tejido social como contralor del poder político e institucional.
Cuantas historias de antaño comenzaron en los clubes de barrios, desde los históricos bailes de carnaval hasta mencionar con orgullo ser la cuna de algún citado a la Selección Nacional de futbol. En el medio de todas éstas, aparecen las luces y sombras propias de una sociedad que ha hecho lo posible por mantener vivo ese espíritu de regocijo vecinal hasta quienes han condenado hasta nuestros días aquellos puntos neurálgicos de recordados encuentros. Al mencionar un club de barrio, no es fácil desprenderse de la nuestra memoria la genial cinta fílmica "Luna de Avellaneda", con Ricardo Darín que retrata con magistral candidez los abatares de un modesto club que lucha por no perder contra el tiempo, la memoria y la inclusión. Mas allá de toda apología, el presente nos encuentra en una nueva diyuntiva respecto a los queridos clubes de barrio pues hoy la lucha se centra en algo mucho coyuntural y concreto: ¿Con cuanta efectividad aprovechamos el espacio de los clubes de barrios mas allá de las actividades deportivas o culturales que éstas tengan, para discutir las políticas imperantes? Es un buen punto de partida ha sabiendas de que no todos los barrios tienen su propio club o espacio de esparcimiento, pero realmente, ¿El vecino tiene ganas hoy en día de debatir proyectos, presupuestos, política, economía, desarrollo barrial y periférico, etc... si hoy la web ofrece todas esas ventajas sentados en el mas cómodo rincón de su casa? La respuesta es muy fácil de responder y muy profundo de analizar, de eso se ocupará la sociología. En todos estos últimos casi cuarenta años, el vecino de barrio ha sido sujeto de fortalecimiento y potencializar su propio individualismo, idiotización de su cultura y esclavo de su propio bolsillo. En pocas palabras, la clase media trabajadora, fue arrastrada a una transformación de sentido de su parecer como de su proceder. No vamos a ser tan exaustivos ni tan elementales a la hora de buscar apoyos y culpables, sino de hacernos cargos de nuestra propia historia. Acaso, cuantos de los lean este artículo pueden diferenciar sus vínculos sociales sin dejar de debatir ideas y no dejando todo en manos sucias de la política marketinera de la actualidad. O es posible que otros tantos, en nombre del orden hallan dejado de asistir a reuniones porque aún hace mella en ellos las viejas y recalcitrantes consignas de : "NO TE METÁS, SALVENCE QUIEN PUEDA O TODO LO DE AFUERA SIEMPRE ES MEJOR" Ante todas esas afrentas, aunque parezca mentira, los clubes de barrio aún mantienen el orgullo de ser el quiebre de todas esas antinomias. Además, fuimos encontrando personas desinteresadas que ponían su tiempo y voluntad no solamente a enseñar futbol, patín u otra disciplina, eran personas que ponían mucho amor propio donde valoro la IDENTIFICACIÓN con el otro, que dentro de un mismo techo se pueda mejorar y superarse a uno mismo como en una propia familia. No obstante, es muy interesante dejar remarcado que un club como FATIMA o cualquier otro del mundo, cumple un rol social importantísimo dentro de una sociedad. Las mismas fueron proscriptas por ser mal vistas por las dictaduras, especialmente. la última de 1976 a 1983 que prohibieron las reuniones sin permiso previo, a conciencia de la importancia que estas tienen para la vida social. Los clubes de barrios fueron demonizados y devenidos en bares de mala muerte y alquiler de futbol desapacionado llevándose el potrero a otra dimensión del tiempo. A pesar de los distintos mejoramientos y la nueva dinámica e inyección de ingresos impuesto por el Gobierno Nacional, es mucho el daño sufrido por muchos clubes que no hace muchos años penaban por pedidos de quiebras y librando batallas judiciales injustas por parte de los distintos intereses descorazonados. El último gran logro es transformar el estatuto de clubes de barrio de avellaneda, dándole el rango de Ley Nacional, que nació en Avellaneda para orgullo de sus habitantes. La nueva ley, la N°27.098, se adjudica los derechos de bien publico a todas las instituciones barriales que con una antigüedad de mas de tres años, se encuentra en condiciones de tramitar el otorgamientos de beneficios y mejoras poniendo como nuevas disposiciones la transformación de sus instalaciones para personas con capacidades diferentes. Por último y mas importante viene el capítulo de la era internet, el futuro para muchos. Hay quienes prefieren adherir a esta idea de forma de aceptación y otras menos adeptas a la idea de progresismo tecnológico pero no son los menos los que esperan las novedades con entusiasmo. La cuestión es que cada vez la inversión en tecnología dentro de los clubes, se está volviendo cada vez mas necesarias, las herramientas y utilidades que proponen están siendos fundamentales a raíz de las relaciones en materia de comunicación y de puestas en marchas de ideas. Así mismo, es interesante analizar también si aquellas viejas jornadas de debates se podrán reemplazar por otros dispositivos o plataformas informáticas en futuro no tan lejano. No obstante, el mundo no se detiene y los clubes de barrios atienden su propias historias, nuevos desafíos y nuevas problemáticas donde las nuevas generaciones gozan hoy de los adelantos y aprovechar sus bondades. Pero también, habrá que atender las diferencias que provoca el individualismo que el exceso tecnológico provoca, para no caer en sujetos que otra vez provoca el rompimiento de su propio entorno, su propio tejido social, oséa, la escencia su propia IDENTIDAD BARRIAL E IMPRONTA CIUDADANA.
realmente muy bueno!!!
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